29 octubre 2011
26 octubre 2011
25 agosto 2011
16 junio 2011
AUTORIDAD Y SUMISIÓN
La Biblia lo dice claramente: "Todos pecaron..."
Un ejemplo claro y simple lo vemos en los niños antes de que alcancen la edad de uno o dos años. Una evidencia concluyente, díganle al pequeñito que es hora de echar una siesta, pregúntele si quiere ir a la camita, y a pesar de que apenas puede balbucear algunas palabras, se torna multilingüe y dice "no" en seis idiomas diferentes. Expresa en términos inequívocos que no quieren que le digan lo que debe hacer, en cambio, él exige más atención y desea que sus padres obedezcan a sus órdenes.
Cuando este bebé crece y llega a la adolescencia, vuelve un día del colegio, arroja sus libros sobre la mesa, y grita: ¿Qué se ha creído la profesora de historia al mandarnos cinco páginas para estudiar? Su actitud transmite un sentimiento de "no me digas lo que tengo que hacer".
Luego tiene su primer empleo y se le oye exclamar: "bueno, si el cree que me voy a quedar más horas porque es mi jefe y él me lo manda, está loco".Cuando finalmente este joven se casa, lo veremos sacudiendo su dedo frente al rostro de su esposa y estableciendo las reglas que se habrán de regir en el hogar, "no tienes ningún derecho a decirme lo que debo hacer, sino que tu me tienes que obedecer a mi y hacer lo que yo te mande"
Por supuesto que el colmo se produce cuando este hombre mira de frente a Dios, sacude su pequeño puño, y golpea el suelo con sus insignificantes pies, y grita: ¡Dios, no me digas lo que debo hacer!
Hay dos clases de personas:
1. Las que dicen a Dios sea hecha tu voluntad.
2. Aquellas a quienes Dios les dice, muy bien, salte con la tuya.
Claramente a este joven no le enseñaron en su niñez que tiene que aferrarse a unas normas en cada una de las etapas de su vida (trabajo, matrimonio, espiritual, estudios, etc.) Muchos jóvenes de hoy en día les pasa eso, quieren hacer sus propias normas y las que mejor beneficio tengan para ellos mismos.
Pero esto no es así, siempre nos tenemos que a alguien.
1. Los hijos a los padres.
2. La mujer al marido.
3. El trabajador al jefe.
4. El matrimonio y la familia a Dios.
Un ejemplo claro y simple lo vemos en los niños antes de que alcancen la edad de uno o dos años. Una evidencia concluyente, díganle al pequeñito que es hora de echar una siesta, pregúntele si quiere ir a la camita, y a pesar de que apenas puede balbucear algunas palabras, se torna multilingüe y dice "no" en seis idiomas diferentes. Expresa en términos inequívocos que no quieren que le digan lo que debe hacer, en cambio, él exige más atención y desea que sus padres obedezcan a sus órdenes.
Cuando este bebé crece y llega a la adolescencia, vuelve un día del colegio, arroja sus libros sobre la mesa, y grita: ¿Qué se ha creído la profesora de historia al mandarnos cinco páginas para estudiar? Su actitud transmite un sentimiento de "no me digas lo que tengo que hacer".
Luego tiene su primer empleo y se le oye exclamar: "bueno, si el cree que me voy a quedar más horas porque es mi jefe y él me lo manda, está loco".Cuando finalmente este joven se casa, lo veremos sacudiendo su dedo frente al rostro de su esposa y estableciendo las reglas que se habrán de regir en el hogar, "no tienes ningún derecho a decirme lo que debo hacer, sino que tu me tienes que obedecer a mi y hacer lo que yo te mande"
Por supuesto que el colmo se produce cuando este hombre mira de frente a Dios, sacude su pequeño puño, y golpea el suelo con sus insignificantes pies, y grita: ¡Dios, no me digas lo que debo hacer!
Hay dos clases de personas:
1. Las que dicen a Dios sea hecha tu voluntad.
2. Aquellas a quienes Dios les dice, muy bien, salte con la tuya.
Claramente a este joven no le enseñaron en su niñez que tiene que aferrarse a unas normas en cada una de las etapas de su vida (trabajo, matrimonio, espiritual, estudios, etc.) Muchos jóvenes de hoy en día les pasa eso, quieren hacer sus propias normas y las que mejor beneficio tengan para ellos mismos.
Pero esto no es así, siempre nos tenemos que a alguien.
1. Los hijos a los padres.
2. La mujer al marido.
3. El trabajador al jefe.
4. El matrimonio y la familia a Dios.
20 mayo 2011
04 abril 2011
26 febrero 2011
Una esperanzadora promesa
"Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor." 1ª Tesalonicenses 4:16,17.
16 febrero 2011
18 enero 2011
Su Palabra no cambia
" Porque de cierto os digo que hasta que pasen
el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde
pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido"
Mateo 5:18
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